Propuesta temática del XV Congreso

El próximo año se conmemora el bicentenario de tres importantes sucesos históricos. A saber la crisis de la Monarquía española y sus repercusiones en la Hispanoamérica; el desplazamiento de la Corona Portuguesa a Río de Janeiro y sus consecuencias para Brasil; y el inicio de la revolución Liberal gaditana que tuvo un impacto a lo largo de los años en los debates constituyentes a ambos lados del Atlántico ibérico.

Los profundos cambios ocurridos en las primeras décadas del siglo XIX, y que dieron lugar a una gama de juntas, golpes, rebeliones, independencia y constituciones, no fueron el producto del azar. Sus orígenes estaban en los cambios demográficos, administrativos, fiscales, socio-culturales y eclesiásticos que surgieron en el último siglo colonial. Cambios que, por lo menos en parte, estaban vinculados con innovaciones administrativas, mercantiles, fiscales, tecnológicas que se filtraron desde Europa en las Américas por medio de decretos, correspondencias, folletos, libros y funcionarios, inspectores y técnicos enviados a ultramar.

Las Américas hispanas y lusitanas mostraron en 1808 una diversidad de culturas, pluralidad ideológica y características diferentes de los sujetos históricos (estatales, étnicas, religiosas y culturales), a todos los niveles, desde el local hasta el transnacional. Surgieron convergencias, divergencias, paralelismos y especificidades que en el desarrollo de los procesos históricos se han ido afirmando a lo largo de los siglos XIX y XX. Es necesario evaluar el difícil proceso de formación de los nuevos Estados independientes y su conformación dentro de una economía progresivamente dependiente. Así como las contradicciones que este tipo de crecimiento económico y social va a generar durante el siglo XX. Todo ello, sin olvidar las raíces de estos problemas tanto antropológicos, como etnoculturales, en las diferentes memorias colectivas.

En los tiempos actuales de la globalización las fronteras de los estados nacionales y su relevancia parecen esfumarse. Además, surgen fortalecidos por organizaciones internacionales, nuevos actores y grupos, hasta ahora marginalizados al igual que los indígenas y afro americanos. Por su activa existencia la definición del Estado nacional requiere una nueva connotación cultural. Queda por ver si a través de este proceso se pondrá fin a la aún vigente exclusión y se desarrollen sociedades que funcionen de manera incluyente. Es decir, la conciencia que es necesario dar cabida a sujetos sociales que por largo tiempo fueron mantenido marginados en los relatos históricos. Tanto desde el punto de vista de la historia social y de género, como de la apuesta decidida de la historia cultural y de la eco-historia, entre otras.

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